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Todos merecemos vivir con dignidad y respeto.

El ataque que enfrentan nuestras comunidades y el incremento de las barreras al acceso de la salud que vienen sucediéndose en los últimos tiempos, nos recuerdas que la amenaza a cualquiera de nuestras libertades, es una amenaza a todas nuestras libertades.

Lo que significa tener acceso a cuidado de salud, vivir libres y sin temor de ser detenido o deportado, prosperar junto a nuestra familia en comunidades saludables. Estas peleas son por nuestros derechos, nuestros cuerpos y nuestros futuros. No nos justificamos, estamos orgullosas y empoderadas de tomar decisiones sobre nuestros cuerpos, nuestras vidas y nuestro futuro. Por eso nos sentimos orgullosos y empoderados de decir: “Es mío, yo decido”.

Firma la petición: ¡Es mío, yo decido!

Nuestros cuerpos nos pertenecen — de no ser así, no podemos ser realmente libres o iguales. A través del país, algunos políticos están tratando de tomar decisiones que afectan nuestros cuerpos. No vamos a dejar que las restricciones de aborto que han azotado al país pongan en riesgo nuestras vidas ni nuestros futuros; tampoco vamos a callarnos mientras nos quiten nuestro derecho fundamental de controlar nuestro propio cuerpo.

Todos merecen cuidado de salud sin necesidad de ser juzgados, libre de culpa o estigma. Nos unimos para decir: ¡Es mío, yo decido!

Vas a recibir correos electrónicos en inglés de las organizaciones de Planned Parenthood. Puedes darte de baja en cualquier momento. *Requerido

Lee estos testimonios de personas reales que abortaron

El aborto es una decisión compleja y absolutamente personal —y los políticos no deberían estar tomando decisiones sobre tu cuerpo por ti.

“Yo quiero romper con el estigma y el silencio alrededor de este tema”.
— Cindi, California

Siempre he tenido periodos irregulares, así es que no tenía ninguna razón para pensar que algo estaba mal… hasta que empecé a sentirme mal por la mañana. Incluso ahí, no me dí cuenta que estaba embarazada. Le dije a mi enamorado que estaba embarazada y acto seguido le comuniqué que haría una cita para hacerme un aborto en Planned Parenthood al día siguiente. Ambos éramos jóvenes y no estábamos seguros cómo lidiar con los sentimientos que vienen con esta decisión, pese a esto, él me apoyó durante ese momento tan difícil. Me pudieron hacer la intervención quirúrgica en Planned Parenthood. Sin embargo la vergüenza que sentía por hacerme un aborto a los 19 no se comparaba a cómo me sentía a los 31. Tenía miedo de decirle a cualquier persona que estaba embarazada porque sabía que me iba a hacer un aborto. Me tomé la pastilla del día siguiente pero todavía me encontraba con un embarazo no deseado. Me sentía más sola que nunca. Esta vez, me hice un aborto medicado y hasta hoy puedo recordar claramente el malestar y dolor que sentí.

La gente de Planned Parenthood no me juzgó, y me sentí muy cómoda de hablarles sobre mi decisión y recibir ayuda, sin importar de qué se trataba. Planned Parenthood siempre ha sido de gran apoyo cuando mis seres queridos y el padre no lo han sido. Nadie debería sentir la vergüenza que yo sentí cuando tuve un aborto. Pese a que ya era mayor y sabía cómo debía hacer el procedimiento de manera segura, sentía mucha más vergüenza que la que sentí durante mi primer aborto. Recientemente visité El Salvador, que es de donde viene mi familia, y pude darle una mirada a la falta de opciones que tienen las familias. Tengo primos que nunca tuvieron acceso a planificación familiar. Una de mis primas fue violada cuando era muy joven y tuvo que tener al niño porque en El Salvador el aborto está penalizado bajo cualquier circunstancia. Con todas las prohibiciones al aborto que se están dando en distintos estados de los Estados Unidos, tengo miedo que las personas aquí ya no tengan esa opción como mi familia en El Salvador. Comparto mi historia porque quiero acabar con el estigma y el silencio alrededor de este tema, pero tengo miedo de que nos estén quitando nuestros derechos.

“Los legisladores de Iowa me obligaron a seguir con mi embarazo hasta su culminación”.
— Leah, Iowa

“Yo crecí es una comunidad conservadora y religiosa en Iowa. He batallado con mi salud mental por más de una década. He sido diagnosticada con desorden alimenticio, depresión, y ansiedad. Traté de suicidarme cuando tenía tan solo 12 años. Mi prioridad ahora es mi salud mental y voy a hacer lo que sea necesario para protegerla. Así que, hace dos años, cuando me enteré que estaba embarazada — recientemente soltera, en un nuevo trabajo y sola en una nueva ciudad— ni siquiera cuestioné lo que tenía que hacer. Necesitaba abortar. Arriesgar mi recuperación y dejar de lado todo por lo que he trabajado no era una opción. Le di prioridad a mi salud mental.

Tuve un aborto a las 7 semanas. Hace aproximadamente un año, Iowa aprobó una ley prohibiendo el aborto a partir del momento en que el latido fetal es detectado. Afortunadamente  en enero, un juez del estado reglamentó que la ley iba en contra de la constitución de Iowa. Los legisladores de Iowa me hubieran obligado a llevar mi embarazo a término —una mujer que batalla con desórdenes alimenticios, depresión y ansiedad. Las razones por las que un individuo decide tener un aborto son personales y privadas, pero el hecho de que algunas personas no tengan acceso al cuidado de salud debería ser un asunto de atención pública. Cuando yo necesité abortar, gocé de muchos privilegios: un horario de trabajo flexible, seguro privado de salud, estabilidad financiera, un carro en buen estado con el cual podía cruzar a otros estados si lo necesitaba, y una red de soporte.   

Hay millones de personas que no tienen esas cosas, y el aborto no debería ser un privilegio”.

“Yo quería continuar con mi carrera, ser una madre mejor establecida, y no podía mantener a un niño".
— Brittany, Washington, D.C.

“En Agosto del 2012, me había graduado del college, había empezado mi carrera profesional en una agencia del gobierno y compartía mi casa con tres personas. Me enteré que tenía 2 ½ meses de embarazo. Ya sabía cuál sería mi decisión. Hice uso de mi derecho a elegir y decidí interrumpir mi embarazo. Fui a Planned Parenthood de DC con mi pareja.

En el cuarto de espera, sentí que me había auto infligido una marca derogatoria o una “letra escarlata” porque iba a abortar. En mi caso, yo sabía que convertirme en mamá no era una opción en ese momento. Quería seguir con mi carrera, ser una mamá mejor establecida, y no podía mantener a un niño. Mientras pensaba en mi decisión, me convencía aún más. Compartía un apartamento de tres dormitorios con tres personas. La cuna no podía estar en la sala. Estaba eliminando el ciclo de la pobreza. Yo era la única persona empleada de mi relación. Mi pareja estaba en el 5to año de senior college. No podíamos mantener a un niño con tan solo mi sueldo.

No veía un futuro con esa pareja, nunca habíamos hablado sobre tener hijos y no hubiéramos formado una buena dupla como padres. Pero por sobre todo, me ratificaba en mis valores de darle a mi hijo la mejor vida posible como una madre más madura, con estabilidad financiera y mejor establecida en general. Mi doctor me dio pastillas para el aborto médico, una prescripción para anticonceptivos y consejos sobre el colegio médico. Han pasado seis años y ahora soy una profesional, candidata a Máster en Salud Pública y una futura doctora. Me encanta mi relación amorosa actual con una pareja con la que puedo proyectarme a futuro. En mi experiencia, recibí el mejor cuidado posible en Planned Parenthood y pude ejercer mi derecho”. 

“Siempre estaré agradecida con Planned Parenthood por la oportunidad de una nueva vida”.
— Sam, Alabama

“Mi historia es difícil de escuchar y aún más difícil de contar. Algo que sé con certeza es que de no ser por Planned Parenthood y su equipo de personas compasivas, hoy yo no estaría aquí.  Un ex amigo/compañero de trabajo convertido en violador decidió llevarme a mi habitación y violarme mientras estaba ebria. Al día siguiente me desperté sangrando y algo confundida. Viví durante un mes y medio sintiéndome completamente asqueada

A comienzos de marzo me di cuenta que algo andaba mal. El periodo no me había venido en dos meses. Me hice un test de embarazo. Luego otro… y otro. Esta pesadilla no podía ser real. Pero lo era. Positivo. Tuve que morder la cortina de la ducha para no gritar, antes de derrumbarme en el piso del baño. Sabía que si no interrumpía este embarazo, éste acabaría conmigo. Nunca traería a su hijo al mundo. No podía. Con el aborto tan estigmatizado, pensé que nadie entendería.

Afortunadamente recordé las palabras salvadoras de mi mejor amiga — la clínica de la ciudad. Me estoy recuperando día a día y poniéndome más fuerte, siempre estaré agradecida con Planned Parenthood por la oportunidad que me dieron de volver a vivir”.